La vida después de un ataque cardiaco 

La vida después de un ataque cardiaco

Justo después de medianoche un martes, Frank Castro, de 46 años, sintió una presión junto al esternón y escalofríos que recorrían sus brazos. No le dio importancia, abrazó su almohada y desestimó el dolor como una consecuencia de la acidez de la cena.

Pero 30 minutos después, el dolor persistía, y el Sr. Castro comenzó a temblar. Alarmada, su esposa lo llevó a South Miami Hospital. Durante la corta trayectoria, el Sr. Castro repetidamente le pedía que fuera más despacio.

Ir rápido, sin embargo, fue lo acertado. Después de llegar al Heart Attack Unit (Unidad de Ataques Cardiacos) en South Miami Hospital, al Sr. Castro se le dijo que estaba sufriendo un infarto y que una de sus arterias estaba 95 por ciento bloqueada.

Después de recuperarse, el Sr. Castro dramáticamente alteró su enfoque a la vida mediante el programa de rehabilitación cardiovascular en el South Miami Heart Center. Para la mayoría de los pacientes cardiacos, la vida después de un infarto involucra hacer nuevas resoluciones sobre fumar, dieta, ejercicios, pérdida de peso, medicamentos y control del estrés. Y, aunque algunos factores de riesgo tales como edad, género o historia familiar están más allá de nuestro control, los pacientes pueden disminuir el riesgo a sufrir un segundo infarto mediante cambios médicos y de estilo de vida.

(Fotos: Frank Castro ha reducido el estrés en su vida;  Andee Weiner y su nieta Morgan 3, disfrutan haciendo ejercicios..)

“No hay un paciente que, después de un infarto, no tenga que hacer algunos cambios”, dijo Susan D’Agostino, R.N., enfermera y gerente de rehabilitación cardiaca en el Baptist Cardiac & Vascular Institute. “Le llamamos prevención secundaria, y estamos tratando de evitar otro evento”.

La prevención también depende del rápido tratamiento médico, dijo el cardiólogo del South Miami Heart Center Dr. Romeo Majano. Con atención inmediata y de calidad, un paciente puede evitar toda una vida de insuficiencia cardiaca, latidos cardiacos irregulares y la necesidad de que le pongan un marcapasos o un desfibrilador. En el caso del Sr. Castro, el músculo cardiaco fue preservado porque el equipo médico abrió rápidamente sus arterias bloqueadas.

“El tiempo es músculo”, dijo el Dr. Majano.

Un infarto ocurre cuando las arterias que van al corazón se bloquean. Esa obstrucción priva al corazón de recibir sangre oxigenada y rica, un escenario que puede resultar en daño permanente.

La American Heart Association (Asociación Americana del Corazón) estima que anualmente ocurren aproximadamente 1 millón de ataques cardiacos en Estados Unidos, incluyendo 320,000 casos de repeticiones. Según la asociación del corazón, después del primer infarto, los pacientes enfrentan un riesgo “sustancial” de sufrir otro ataque, insuficiencia cardiaca, un accidente cerebrovascular (stroke) o la muerte repentina. El 18 por ciento de los hombres, y cerca del 35 por ciento de las mujeres, sufrirán un segundo infarto cerca de los cinco años después del primero.

Un infarto es un roce con la muerte y puede dejar a los pacientes temerosos sobre si hacer ejercicio y tener relaciones sexuales, o no. La gama de emociones puede incluir depresión, incertidumbre e hipersensibilidad a los dolores y molestias diarias. Pero, de acuerdo a los enfermeros y médicos, algunos pacientes tratan de reafirmar su control comiendo en exceso.

“Hay un enorme sentido de pérdida del control con estos pacientes”, dijo la Sra. D’Agostino. “Comer es una cosa que ellos pueden controlar”.

A primera vista, el Sr. Castro no tiene el perfil de un paciente con alto riesgo de un infarto. Es relativamente joven, con una pasión preexistente a hacer ejercicios y cuidar su salud. Pero hay una extensa historia familiar de enfermedad cardiaca, y en el día a día, lo afectó el estrés de su trabajo (El Sr. Castro escribe programas de software).

Y aunque no puede influenciar su historia familiar, el Sr. Castro sí puede decidir qué hacer para aminorar el estrés. Con el programa de rehabilitación cardiaca en el South Miami Heart Center, participa en una clase de control de estrés que le ha dado nuevas herramientas para lidiar con situaciones que producen ansiedad. Cuando los factores externos causan estrés, él ha aprendido a apretar un botón de pausa mental, antes de que escalen los latidos cardiacos.

“¿A quién le importa si cuando llega a un signo de PARE en las cuatro esquinas otra persona arranca cuando no le toca? Es mejor no mortificarse”, dice el Sr. Castro.

Andee Weiner sabía que algo no andaba bien mientras trabajaba en su jardín. Los síntomas incluían dolor en la espalda, náuseas y mucha sudoración, pero la Sra. Weiner, de 56 años, inmediatamente desestimó estas señales con una sonrisa.

“Creo que estoy teniendo un infarto”, dijo bromeando a su esposo. 

Descansó durante el fin de semana y finalmente fue a ver a su médico el lunes por la mañana. Le diagnosticaron una condición que se asemeja mucho al infarto.

Después del diagnóstico, su vida ha cambiado, con nuevas rutinas de ejercicios para esta abuela que antes nunca quiso sudar en un gimnasio. En la rehabilitación cardiaca, su circuito de ejercicios de 90 minutos incluye una esterilla rodante y máquinas con pesas. También participa activamente de WomenHeart, un grupo de apoyo para mujeres con enfermedades cardiacas.

Ese esfuerzo que hizo la Sra. Weiner  pagó, según el cardiólogo Dr. Curtis Hamburg, del Baptist Cardiac & Vascular Institute. Él recomienda que los pacientes hagan grandes cambios para controlar el azúcar en la sangre, la alta presión arterial, el colesterol alto y otros riesgos de salud.

“Los estudios han mostrado que un tratamiento agresivo de los factores de riesgo reduce la repetición del infarto y aumenta la longevidad de la vida del paciente”, expresó.

Durante años, la Sra. Weiner era la clásica esposa con poco tiempo que dedicar a su propia salud. Pero la enfermedad cardiaca la ha hecho comprender la importancia que tener una buena salud significa para su familia.

“Nos ha abierto los ojos”, dice. “Este evento cardiaco fue decididamente una bendición”.  – Sharon Harvey Rosenberg